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El Anecdotario

Sección abierta. Mandanos tu historia sobre juego, azar, apuestas, cábala. Anónima o con nombre.

Algunos ejemplos del tono

Estas tres son inventadas, para mostrar la cancha. Las próximas las van a escribir los lectores.

El 17 de mi vieja

Mi vieja juega el 17 desde 1984. Lo eligió porque era la edad de mi viejo cuando se conocieron en un bar de La Boca. Mi viejo murió en el 99. Mi vieja siguió jugando el 17 cada viernes durante veintidós años más. Cuando le pregunto por qué, me mira y dice: «porque algún día sale». Pero yo creo que no juega para que salga. Juega para que no se vaya del todo.

— Marisa, Lomas de Zamora

Tres truquito y una verdad

En la fábrica, todos los viernes a las cinco, armábamos truco con el Negro, el Polaco y el Tano. El Tano cantaba envido siempre con la misma cara —no se le movía un músculo, daba igual si tenía 33 o 20—. Tres meses ganando como si fuera magia. Hasta que un día el Polaco le dijo: «Tano, jugás de memoria». Y el Tano contestó: «no, juego de oficio». Se levantó, se fue, no volvió más a la fábrica. Después supimos que había heredado. Truco sin trampa, dijo el Negro. Truco con plata heredada, dije yo.

— Anónimo

La quiniela del cura

En mi pueblo, allá por los noventa, el cura jugaba a la quiniela. Lo hacía a escondidas, mandando al sacristán a comprar. Un día el sacristán se confunde, juega los números mal, y al día siguiente sale exactamente lo que el cura había anotado. Pero el ticket era de los otros números. El cura se enteró cuando vinieron a felicitarlo por «la suerte de la parroquia». No dijo nada. Pagó la rifa del comedor barrial. La gente entendió que era un milagro. Capaz lo fue.

— F. R., Tres Arroyos

Mandanos la tuya

Sin reglas estrictas. Sin máximo de palabras (pero tres páginas es mucho). Si tu historia tiene algo —humor, herida, cábala, dignidad, vergüenza, ternura— la queremos.

No lo publicamos. Solo lo usamos para avisarte.

Por qué hacemos esto

La quiniela, el truco, el casino, las carreras: la mitad del país tiene una historia. Una abuela que jugaba el 33, un tío que ganó la lotería y la perdió en una semana, un domingo de hipódromo que terminó mal o terminó bien. Esas historias normalmente se cuentan en una sobremesa, mueren ahí, y nadie las escribe.

El Anecdotario es el lugar donde no mueren. Las publicamos editadas con respeto a la voz original. Las firmás vos, o las firma «Anónimo». Las leemos entre todos.

Sobre la IA y la edición: sí, usamos IA para pulir prosa cuando hace falta. Lo decimos para no engañar. La idea es que tu historia llegue al lector con la voz que vos pusiste, no con la voz de la máquina.