Saltar al contenido principal
Número #01 · ciencia · El Matemático

¿Existen las rachas?

Sobre la "calentura" de un número, la mano caliente y la memoria del sorteo.


¿Existen las rachas?

¿Tiene memoria el azar? La respuesta corta es no. La respuesta larga ocupa casi dos siglos de discusión matemática, y todavía nos persigue cada vez que pensamos que un número “está adeudado”. La palabra es lo que más se escucha en los bares: “el 32 tiene que salir, ya está adeudado”. La frase es la frase de siempre. Y es, palabra por palabra, lo que en estadística se conoce como la falacia del jugador: la creencia de que un evento aleatorio se vuelve más probable porque no ocurrió en mucho tiempo.

No es así. La bolillera no recuerda. Cada sorteo es un evento independiente: lo que pasó ayer no cambia las probabilidades de hoy. La probabilidad de que salga el 32 —ayer, hoy, mañana, dentro de mil sorteos— es siempre la misma: una en cien. Que el 32 lleve ochenta sorteos sin salir es exactamente igual de improbable que cualquier otra secuencia concreta de ochenta sorteos. Solo nos llama la atención esa porque le pusimos un nombre.

La falacia tiene una hermana opuesta, y muchas veces conviven en el mismo jugador. Se llama falacia de la mano caliente: la creencia de que un número que viene saliendo va a seguir saliendo, que está encendido. El que apuesta al 32 porque no sale hace tiempo y el que apuesta al 33 porque salió tres veces en la última semana cometen, lógicamente, errores opuestos. Y, sin embargo, dentro del mismo jugador, esas dos creencias coexisten sin rozarse. Es lo que tiene el azar: nunca termina de entrar al sistema racional.

Acá viene un matiz que la divulgación apurada suele saltarse. La mano caliente no siempre es falacia. En estudios recientes sobre basquetbolistas, jugadores de dardos y golfistas, se mostró que cuando interviene una mano humana —cuando hay foco, técnica, ritmo— una racha puede ser real: el cuerpo del jugador se calienta. Pero esa lectura no aplica a la quiniela. La bolillera no se enfoca, no entra en ritmo, no toma confianza. Es un mecanismo sin sujeto. Cuando el azar no tiene cuerpo, la racha no existe.

Esto deja al jugador frente a una verdad rara. Lo que su intuición le dice —que algunos números están adeudados, que otros están encendidos— tiene base real en deportes y oficios donde la práctica importa, pero no en la mesa de un sorteo puro. Trasladar la mano caliente del básquet a la bolillera es como esperar que la lluvia obedezca al humor del paraguas.

Lo único que el método garantiza, frente a la pregunta ¿existen las rachas?, es esto: en un sorteo de azar puro, la única racha posible es la del que recuerda demasiado.

#01 · En esta edición

El número que vuelve

Por La Científica
#01 · En esta edición

Hecha en Rosario

Por El Historiador