Arranca el Mundial y, como cada cuatro años, llega la plaga: “una supercomputadora predijo al campeón”. Suena a oráculo de la NASA. Es una planilla de cálculo con departamento de prensa.
Veamos qué dicen los oráculos de 2026. El modelo de un banco de inversión corona a España con un 26% de probabilidades. La “supercomputadora” de una consultora deportiva también dice España, pero con 13 o 16%, según el día que leas la noticia. Y un modelo de una universidad inglesa simuló el torneo diez mil veces y le dio el primer puesto a Argentina. Tres supercomputadoras, tres números distintos, dos campeones diferentes. Si esto fuera medicina, no te tomarías la pastilla.
Pero el problema no es que difieran. El problema es más fino: estos pronósticos no pueden fallar, porque tampoco pueden acertar.
Mirá el truco. Cuando un modelo dice “España campeona con un 26%”, está diciendo, con la misma boca, que España NO sale campeona el 74% de las veces. Gana España: “lo predijimos”. Gana otro: “nunca dijimos que era seguro, era apenas la más probable”. El pronóstico queda blindado contra la realidad. Es el horóscopo con simulaciones de Montecarlo: 250.000 corridas, anuncia orgulloso uno de estos sistemas, como si repetir 250.000 veces las mismas suposiciones las volviera más ciertas. Si la receta está mal, revolver la olla un cuarto de millón de veces no la arregla.
¿Y de dónde salen los numeritos? Acá viene lo mejor, y la confesión es de los propios autores: el banco admite que sus proyecciones no se alejan demasiado de las cuotas de las casas de apuestas, y que el poder estadístico del modelo es limitado. Traducción del idioma banco al castellano: agarramos lo que ya dicen los apostadores, le pusimos un moño econométrico y lo mandamos a los diarios. La “supercomputadora” sos vos, mirando cuánto paga el campeón en la agencia.
¿Significa que los modelos son inútiles? No. A lo largo de muchos partidos, un buen modelo le gana a tu cuñado. Pero un Mundial es un torneo: una muestra de uno. Siete partidos de eliminación directa donde un travesaño, un offside milimétrico o un arquero iluminado lo dan vuelta todo. Ningún modelo serio puede saber quién gana, y los serios lo aclaran en la letra chica que ningún titular reproduce.
El dato que cambió las reglas (y quizás nunca existió)
Ahora viene la parte que duele, porque esta estadística la repetiste vos, la repetí yo, y la repitió hasta el organismo que escribe las reglas del fútbol.
Final de 2022. Empate 3 a 3 contra Francia. Messi gana el sorteo de la moneda y elige patear primero. Ganamos 4 a 2. Según una línea de investigación que sigue viva, esa moneda valió oro: patear primero, dicen, da una ventaja grande en la tanda. El número más famoso de esa familia lleva años circulando: el que patea primero gana el 60% de las veces.
El dato nació en 2010, en un estudio de dos economistas publicado en una revista de primera línea, con menos de 300 tandas analizadas. La lógica era seductora: el que patea segundo lo hace siempre bajo presión, casi siempre obligado a empatar. Tan seductora que el directorio que redacta las Leyes del Juego citó ese 60% y en 2017 autorizó un experimento para cambiar el orden de los penales —el sistema “ABBA”, como el tie-break del tenis— para repartir la presión. Se probó en torneos reales. Las reglas del deporte más visto del planeta se movieron por una estadística.
¿Y después? Después pasó lo que pasa casi siempre que un efecto espectacular nace de una muestra chica: llegaron las muestras grandes y el efecto se esfumó. Un estudio de 2024 analizó 1.759 tandas: nada. Otro de 2025 analizó 7.116 —todas las definiciones por penales disponibles hasta esa temporada— y tampoco encontró ventaja del primer pateador. Para que dimensiones: el estudio que instaló el mito tenía 25 veces menos datos que el que no encuentra nada. El directorio, mientras tanto, ya había abandonado en silencio el experimento ABBA en 2018.
¿Está 100% cerrado? No, y conviene decirlo: un grupo de investigadores sostiene que la ventaja existe en torneos de élite, y la discusión académica sigue. Pero la regla de oro del lector desconfiado es esta: cuando un efecto se achica cada vez que crece la muestra, ya sabés cómo termina la película. Así murieron mil “descubrimientos” en psicología, en medicina y en economía. El 60% de los penales tiene todos los síntomas.
El patrón que sí existe
Hay una sola regularidad confiable en todo esto, y no está en la cancha: está en nosotros. Un número redondo y contundente —“¡60%!”, “¡la computadora dice España!”— viaja más rápido que cualquier corrección posterior. El estudio chico con resultado espectacular sale en todos los diarios; el estudio gigante que lo desmiente sale en un PDF que leen catorce personas. Vos te enteraste del 60% por la tele. De las 7.116 tandas te estás enterando recién ahora.
Así que este Mundial, cuando el relator diga que patear primero “está comprobado que da ventaja”, o cuando un portal anuncie que “la inteligencia artificial ya sabe quién levanta la Copa”, acordate: el partido es de ellos, pero la moneda —la de creerles o no— la pateás vos primero.