Fortuna
Por Paulo Castillo · 1 de julio de 2026
Un argentino que escribe en inglés ganó el Pulitzer con una novela sobre el dinero, y la novela es una máquina de cuatro pisos. Primero, una novela dentro de la novela, escrita a la manera de Henry James: el ascenso de un financista de Manhattan al que acusan de haber provocado el crack del 29. Segundo, la autobiografía inconclusa del magnate “real” en el que esa novela se basó, escrita para desmentirla. Tercero, las memorias de Ida Partenza, la secretaria que le escribió esa autobiografía de fantasma, hija de un anarquista italiano de Brooklyn que despotrica contra el capital mientras ella aprende a admirarlo. Cuarto, el diario de Mildred, la esposa, que desarma todo lo anterior.
Cuatro versiones del mismo matrimonio y de la misma fortuna, y ninguna confiable. Díaz viene repitiendo en entrevistas una idea que la novela pone a trabajar en cada página: el dinero es una ficción —papel que vale porque acordamos que vale—, y el capital financiero es la ficción de una ficción. Pero Fortuna no es un panfleto: es un mecanismo de relojería sobre quién tiene el poder de contar la historia. El magnate compra su versión del pasado como compra acciones; las mujeres del libro, borradas del relato oficial del capital, la desmienten desde los márgenes. Díaz suele recordar en sus presentaciones que la Bolsa de Nueva York admitió a la primera mujer recién en 1975: la novela entera cabe en ese dato.
Se lee como un policial donde el misterio no es quién mató a quién sino quién escribió qué. La tradición que la sostiene es la norteamericana —James, Fitzgerald, Dos Passos—, aunque Díaz esquiva con elegancia la comparación con El gran Gatsby: aquella era una novela sobre los ricos, dice; la suya es sobre cómo se fabrica la plata. Y sobre cómo, con la plata suficiente, se fabrica también la verdad. Anagrama la publicó en castellano con traducción de Javier Calvo; HBO prepara la serie con Kate Winslet. Léanla antes.